Hoy es lunes. Siempre que leas este artículo, el día se convertirá automáticamente en lunes. Llámame raro si quieres, pero me encantan los lunes. Entre otras cosas, porque me siento inspirado. Y aprovechando ese estado tan guay y favorable, he decidido que mi artículo de hoy sea dedicado exclusivamente al humor. Cada ser humano está lleno de él, pero también es verdad que no hay dos tipos de humor completamente iguales. Menos mal, ¿no? Por ejemplo, los tres individuos que escribimos aquí, somos completamente diferentes en ese sentido. Ahí pasa algo muy grande. Nos complementamos unos a otros. Imagínate la bomba que puede ser eso.

caos

Be a troll, my friend.

Caos cerebral. Cómo suena de mal, lo sé. Pero es una frase que resume a la perfección mi estilo de humor.Concrétamente, el enfoque que le doy yo a lo que es conocido cómo trolear. Si me conoces un poco, sabrás que tengo una extraña predilección por el Joker de Heath Ledger y su teoría del caos. Desde ahí parte mi estilo. De lo ilógico, de lo poco convencional, de lo imprevisible. Y es que además de ser algo poco común, tiene varios beneficios. Casi tantos como el aloe vera. (¡Cuéntanos más, vamos!). ¿Has oído eso? Era gente que pide a gritos desde Torrebruno de la Lagarta que cuente qué se puede conseguir troleando. No os decepcionaré, allá voy.

¿Por qué trolear?

A la hora de ir a conseguir algo, hay que tener un por qué. Entre otras cosas resulta útil para darte cuenta si lo que quieres, es beneficioso para ti. Y más importante aún. Si va a tener consecuencias negativas tanto en ti cómo en otras personas. El enfoque que yo le doy a esto de trolear es siempre desde el respeto. Este estilo no tiene nada que ver con lo que se sabe que hacen muchos Youtubers, por ejemplo. Gastan bromas pesadas y lo llaman troleo. Y claro que puedes enfadar a alguien troleándolo de forma sana, pero mostrando luego una actitud amigable, el enfado se suele disolver por arte de magia.

Beneficios de trolear.

Aquí viene otra pregunta poderosa. ¿Para qué trolear? Llevo toda la vida usando este tipo de humor y hasta hace relativamente poco no había reflexionado sobre esto. Parece mentira, pero una vez me he analizado, he averiguado que me ayuda en bastantes aspectos de mi vida.

Desarrolla la creatividad. A la hora de diseñar una estrategia para trolear a alguien, has de darle al coco. No vale con algo típico y racional no. Has de escarbar y sacar a relucir todo ese ingenio oculto que tienes en ese cerebro tan maravilloso. Sin darte cuenta estarás entrenándote para futuras ocasiones en las que requieras de esa chispa.

Deja huella. No sé si será bueno o malo. Pero me encontrado con muy pocas personas que utilicen el humor surrealista y absurdo en su día a día. Trolea y dejarás huella. Eso sí. No te garantizo que sea siempre para bien. Pero cómo dije en otra ocasión, que hablen de ti. Para bien o para mal, pero que hablen.

Exponte a situaciones incómodas y aprende a salir de ellas. Gran frase atribuida a Pasión. Si enfrentarse a lo desconocido da miedito, con unas pinceladas de troleo, el nivel de dificultad asciende a modo Dios. Y tranquilo que no hace falta que las busques. Si tu intención es hacer que a alguien le dé vueltas el cerebro, las situaciones incómodas llegarán.

Empezar una conversación. Preguntar a una chica por una calle que sabes de sobra dónde está, mola para abrir conversación. Pero decirle si sabe si falta mucho para llegar a la Cibeles estando en Valencia, es un nivel superior. Aquí unes las tres claves que he mencionado arriba. Pura dinamita vamos.

 haha

A trolear todo el mundo.

Bueno, basta ya de teoría. Cómo en todo en la vida, está muy bien saber cómo se hace algo. Pero estarás de acuerdo conmigo que no hay nada mejor que experimentarlo en tus propias carnes. Te propongo una serie de “herramientas” para que puedas provocar caos cerebrales allá dónde quieras. Pero claro, esto es como todo. Según en las manos que caigan, pueden usarse para dejar mejor el mundo, o para provocar algo negativo en la persona en si. En fin, eso ya escapa de mi control, así que aquí las dejo:

La semi-historia. Consiste en acercarte a alguien y contarle una historia ya empezada. Algo que te haya ocurrido a ti o a alguien conocido, algún proyecto que tengas en mente o ya hayas llevado a cabo… Eso si, asegúrate de que la persona a la que le vayas a contar la historia, no tenga ni la más remota idea de lo que le estás contando. Ahí está la clave.

Malinterpretación/omisión. Se trata de que diga lo que diga la otra persona, no existe. Pregúntale algo a tu víctima y a continuación, omite su respuesta y contéstale como si te hubiera respondido justo lo contrario. En ocasiones  no podrás utilizar la respuesta opuesta, pero para algo está tu ingenio. Pídele ayuda y convoca a la confusión.

La bipregunta. En mi opinión, una de las herramientas en las que más te vas a exprimir el coco. Tienes que enlazar en una frase, dos preguntas que signifiquen lo mismo, pero con diferente estructura. Nada mejor que un ejemplo para aclarar ideas: ¿Cómo es que antes llevabas gafas y ahora si que llevas? Si la otra persona se para a analizar lo que le has preguntado, la explosión de risas no tardará en llegar.

Dakitu. Te presento a mi favorita. Una bomba de relojería. Fácil de usar, adaptable a cualquier situación y tan sencilla cómo efectiva. Coge una frase, introduce dakitu entre palabra y palabra, y deja que suceda la magia. Incluso puedes combinarla con otra frase que no tenga nada que ver con la primera. Ejemplo: Cuando llegas a casa, ¿dakitu si ves la tele, o eso cada vez que subes al coche?. Te aseguro que es mortífera esta herramienta.

Obviedades. Usando esta cerilla, puede que enciendas muchas más chispas de las esperadas. Busca lo más obvio que esté pasando en la situación. Una vez detectado, comunícalo. Con naturalidad, con temple. Recalco. Lo más obvio. Incluso para mayor diversión, puedes formular una pregunta. Imagina que un camarero te está tomando nota en un bar. Puedes preguntarle mientras apunta en una libreta: ¿Que lo apuntas, ahí? Y por favor, mantén la mirada para observar su reacción.

Tú a tu edad. Ya está bien de convencionalismos. Lo típico de “¿A qué edad empezaste a trabajar? ya está pasado de moda, de caducidad, y de todo. Rompe moldes con la nueva estructura. Harás que la persona se remonte atrás en el tiempo para luego volver al presente. El cerebro le dará mínimo dos vueltas. Prueba a preguntar a alguien: ¿Tú a tu edad ya conducías?

Dejavú. Esta requiere al actor que llevas dentro de ti. Puedes usarla de muchas maneras. Contándole a alguien una anécdota o formulando una simple pregunta. A continuación, olvídate de lo que le acabas de decir. Porque vas a rebobinar y volvérselo a plasmar. Con el mismo tono, los mismos gestos y la misma naturalidad que la primera vez. Le vas a dar el placer de tener un dejavú.

Anzuelo. Imagina que eres un pez y un buen día caes en la trampa y muerdes un anzuelo. Pero para tu sorpresa, el pescador no tira de la caña. Tú, cómo buen pez que eres, esperas a que suceda algo. Pero ahí te quedas, esperando. Pues esto va de lo mismo. Lanzas un anzuelo, en forma de pregunta que suscite la curiosidad de la otra persona por la conversación que supuestamente va a continuación. Cuando te responda, haz cómo si nada hubiera pasado. Posiblemente hagas que la otra persona se pregunte cómo salir de esa situación tan especial.

Dale y  priva. Piensa en algo que se le de bien a esa persona. Dale a entender que le vas a pedir ayuda o consejo sobre eso en concreto. Lo has adivinado. Pregúntale algo que no tenga absolutamente nada que ver. Rompe sus esquemas una vez más y observa su reacción. Ejemplo: Oye Rafa, tú que eres informático y sabes programar, ¿hace tiempo que no vamos a la playa eh?

 

Hasta aquí mi pequeña guía sobre provocar caos cerebrales. Espero que si no usas las herramientas, al menos imagines lo que pasaría si lo hicieras. Te vas a divertir casi tanto como si las usaras de verdad. Y recuerda: no hay nada más contagioso que la risa.