El problema de tener un blog es escribir en él. Y es un pateo, ¿sabes?. Me refiero, tienes que escribir. Y cabe la posibilidad de que no te apetezca. O que estés haciendo otra cosa. O cualquier otra excusa. Pero claro, si tienes un blog, tienes que escribir en él. Puedes no hacerlo, ¡eh!. Pero entonces, tarde o temprano ,el blog morirá y acabarás no teniendo un blog.

¿Posees lo que posees?

Hace un tiempo te pregunté  si cambiaría tu vida con un millón de euros en el banco. Hoy te pregunto, ¿eres dueño de lo que posees?

El problema de tener un hijo es que tienes un hijo. Me refiero, no puedes dejarlo en un portal porque entonces dejarías de tenerlo.

Por tanto, al final, está ahí. En tu casa, en tu cama o en tu mesa. Está ahí, ¿sabes?, y te está jorobando la tarde porque no para de llorar. Puedes matarlo, pero dejarás de tenerlo entonces. Así que la solución que tienes para seguir teniéndolo es cuidar de él.

Pero claro, eso implica que vas a invertir tu tiempo. Tiempo, dinero, estrés, emociones. Y además, estaría muy bien que viviera mínimamente feliz. Me refiero, no hagamos como los servicios sociales ingleses en aquellos tiempos, tú ya sabes.

Así que, al final, ese niño que has decidido tener influye en tu vida. En todos los aspectos de tu vida.

He puesto el ejemplo de un niño porque quizá es el más chocante pero un perro, una casa, un coche… cualquier cosa que acabe en tu bolsillo o en tu dominio.

Un coche vas a tener que cuidarlo. Puedes guardarlo en el garaje y admirarlo cada fin de semana y decirme:

-Mira, no me quita nada de tiempo ni nada.

Y yo te contestaré que habrás tenido que buscar ese garaje para guardar el coche.

Cuanto más tengas más feliz serás.

La cuestión es al final la misma. Desde pequeño, a ti te meten en la cabeza que vas a poder llegar a ser más (algo) si compras (esto).

El ejemplo más entrañable son las colonias. ¿Te has fijado en los anuncios de colonias?

No hablan de que la colonia tiene un olor fresco a jazmín, con un toque de excitante rosa y un acabado de madera antigua. No, no dicen eso. Ponen la foto de Jhonny Depp con una mirada segura, un vestuario de la ostia y una expresión que hasta a mi me pone cachondo. ¿Y el mensaje? Perfúmate con esta colonia y serás él.

Y te lo tragas. Te tragas que con esto, con lo otro serás mejor. Vivirás mejor. Un móvil, un coche, una novia. Acabas comprándote los nuevos modelos de Iphone que salen cada semana por estar a la última. Porque eso te hace feliz. ¿Verdad?

Todas esas cosas acaban poseyéndote. ¿O acaso no?

La maleta de equipaje.

No te equivoques, este no es el típico escrito anti materialista. Yo también uso las cosas. También tengo un móvil, un portátil. Me compro ropa y todo eso pero lo importante no es la acción. No importa qué haces sino el motivo por el que lo haces.

Pero quitando esto, ¿alguna vez has pensado cómo sería tu vida sin nada? Sin nada material me refiero. Si te soy sincero, a mi no me gusta tener las cosas por tenerlas: no me gusta tener una play por jugar a la play. Me gusta tener una play para jugar con alguien. Son las relaciones sociales las que, a mí y creo que a ti también, te hacen ¿feliz? Quizá esa sería la palabra.

Al final, son las relaciones con las personas lo que da valor a la vida. Guillermo von Humboltd Click Para Twittear

Pero a lo que iba. Siempre he creído que tenemos que ser un poco más como en los videojuegos. Tener una mochila con un par de cosas que guardar en ella. Unas 10 cosas, por ejemplo. No más. Porque de lo contrario acabamos amando las posesiones materiales y no los sentimientos, emociones ni a las personas que nos rodean.

Elige 10 objetos. 10 objetos importantes en tu vida, pero importantes de verdad. No, esta no es la pregunta de qué te llevarías a una isla desierta. No me refiero a eso. 10 objetos que realmente te emocionan, te dan vida.

¿Quién es tu verdadero dueño?

Una guitarra que te regalase alguien. Unas fotos. Un libro especial que representa algo más que un simple libro. Ese DVD que tiene una película que cuando ves se te ponen los pelos de punta.

            En mi armario hay una caja que me regaló hace relativamente poco tiempo una persona muy especial para mi. Un trocito de madera de unos 5x5x5 que dentro tiene todo un mundo para mi. Lo cierto es que, sin saber qué mecanismo hay detrás, soy incapaz de abrir esa caja sin que se me llene el corazón de un montón de emociones que dificilmente podría explicar en un párrafo.

¿Eres capaz de poner 10 objetos así? 10 objetos que te llenen de emociones. 10 objetos que realmente tienen un verdadero significado para ti.

            Hay un imán que compré cuando fui de viaje por Roma. Es una frase en latín. No me emociona tanto quién me lo regalase, porque la verdad es que me la regalé yo a mi mismo. Es lo que pone. Lo tengo tirado, escondido entre los bártulos. No quiero leerlo siempre. Quiero encontrarlo de vez en cuando y recordar esas ideas que ya tienen 2000 años de antigüedad.

Te voy a ser sincero, yo no. No por nada sino porque no tengo tantos. Pero todo lo demás… sobra. No te digo que no sea necesario. Es necesario, pero no obligatorio. No es imprescindible.

¿Por qué deseas las cosas?

Vives en un mundo materialista, pero la cuestión no es esa. La cuestión es ¿por qué te compras lo que te compras? ¿Por qué tienes esto o lo otro? ¿Es porque lo necesitas? o tal vez es… porque deseas presumir de ello

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.

No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.

Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.

Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes.

No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

– Julio Cortazar