Ayer estuve, después de mucho tiempo, con Marta, una amiga que siempre se ha caracterizado por dos características que la vuelven especial.

La primera de ellas es hermosa y poco común: siempre ha vivido en un precioso mundo fantástico, dónde todo acaba por salir bien.

La otra es una característica que puede que envidies. Jamás, y digo jamás, se queda sin conversación. Si Marta quiere contarte lo que le ha pasado en las últimas dos horas, necesitará al menos 3 para hacerlo. Y no sólo te contará detalle por detalle todo lo que pasó, sino que lo aderezará también con todo lo que sintió. Esto es así aunque hayan pasado 4 años desde que sucedió.

Tras dos horas con ella, me pregunté cómo aún hay gente que tiene miedo a quedarse sin conversación.

Pero ocurre. Hay gente que tiene miedo a quedarse sin conversación.

¿De qué hablo con un desconocido?

En realidad, la pregunta resulta divertida. Probablemente, debería ser más complicado encontrar temas de conversación con tu mejor amigo, al que ves todos los días 4 horas, que con un completo desconocido.

A tu amigo ya le has contado aquella vez que hiciste puenting, o el viaje a Dinamarca, o la escapada salsera de la semana pasada.

Tu amigo ya te ha contado mil veces “la noche de mierda”, el día que convenció a una profesora para que le aprobara un exámen en revisión usando sus dotes sociales o la extraña historia de cuando un enano vietnamita le enseñó a disparar con cerbatana.

Pero,  ¿y a un desconocido? A un desconocido no le has contado nada y no te ha contado nada. ¿Cuántos años tienes? ¿20? ¿30?¿50?¿100?¿Eres un vampiro con 789 años? Tienes esos mismos años de historias que contar.

Y sin embargo, no ocurre. No sabes de qué hablar.

Probablemente, porque no tenéis nada en común.

Cuando lo conocí me eché las manos a la cabeza. -La que me ha caído encima.
Vestía de chandal de mercadillo y portaba en su mano derecha un cigarrillo con pinta de estar tocado de algo. Se hacia llamar por uno de esos nombres canis que avisan que frente a ti hay alguien sin una profundidad manifiesta.
Se me acercó y me ofreció fumar y comenzó una disertación sobre todo tipo de plantas estupefacientes.
– La que me ha caído encima. Lo volví a pensar.
Y entonces recordé que “se puede conectar con cualquiera”.
– ¿Quién eres? – le espeté de golpe
Siendo sinceros lo unico que teniamos en comun era ser monitores de multiaventura( o mas bien becarios de ello)
Su historia me conmocionó. No por la historia en sí, repetida y oída hasta la saciedad, sino por un deje de bondad que me sorprendió muchísimo.
En el fondo, aquel chaval con chandal y porro era un trozo de pan que buscaba el cariño de los demas, como todos.
Supongo que por cabezoneria, pero conectamos. Conectamos tanto en los dos dias que compartimos, que nos hicimos amigos y nos despedimos con un hasta pronto que evidenciaba que nos echariamos de menos, aunque no nos ibamos a volver a ver nunca mas. Azares de la vida.

Tienes cosas en común

Claro que tienes muchas cosas en común. Todos tenemos miedos, aspiraciones, sueños, esperanzas. Todos tenemos historias divertidas, o tristes, en nuestro pasado.

La pregunta única para atraerl@s a tod@s

Entonces, ¿por qué te quedas sin conversación ante esa chica que te mira con esos ojos azules tan profundos? Porque cuando conoces a alguien nuevo, probablemente estás más centrado en tu miedo que en conocerlo.

¡¡Y así no vas a conocer a nadie!!!

Olvídate del qué dirán y empieza a disfrutar. Habla de lo que a ti te gusta, lo que a ti te hace sentir, lo que a ti te emociona.

La conocí distraídamente, sentándome a su lado a beber algo con mis amigos, pero la conversación comenzó muy temprano. No me preguntéis cómo acabamos hablando de autopsias, de muertos…en fin, nada agradable para mí. Pero me tenia en vilo, me contaba cada pequeño detalle y yo, en parte quería salir corriendo, en parte era incapaz de dejar escapar una sola palabra. Aquella chica no hablaba, no comunicaba, aquella chica evangelizaba.

Hace mucho tiempo comprendí que da igual de qué hables o de qué te hablen. Lo importante es la pasión que hay detrás de tus palabras.

La pregunta única para atraerl@s a tod@s

Así que, la próxima vez que quieras conocer a alguien, déjate de preguntas enrevesadas. Deja de intentar hacerte el interesante. La próxima vez que te sientes, cara a cara, con un desconocido pregúntale. “Oye, ¿y tú quién eres?”

Y disfruta de sus miles de historias.