Son las 6 de la tarde y hace un día precioso. Y pienso: “¿y si hubiera escrito este artículo antes?”. Probablemente, ahora estaría haciendo cualquier otra cosa.

Pero no lo he escrito. Así que me siento frente al ordenador, pensando si quizá hubiera sido mejor no meterme en toda esta aventura de llevar un blog. Porque fuera hace un día perfecto y a mi se me agolpan tanto las ideas que no se por cuál decidirme.

Y pienso que ojalá los días fueran más largos y yo tuviera más tiempo para hacer todo lo que me gusta.

Pero los días tienen 24 horas, yo me he metido en la aventura de escribir un blog y estas tres semanas(aunque repletas de conversaciones que darían para libro) no me he parado a volcar mis pensamientos en papel.

"Y si..."

Y así comienza todo. Al acordarme de que hay que olvidar los “y si…” porque no sirven de nada.

¿Qué son los “Y si…”?

Es mi forma de llamar a todas esas preguntas que a veces nos asaltan la cabeza, poniéndonos en una situación de fantasía incumplible.

Esos momentos en que nos olvidamos de las circunstancias reales y nos dejamos llevar por la fantasía de cómo sería el mundo si se pareciera más a como nos gustaría, llevándonos a elaborar planes de acción basados en circunstancias no reales.

Evidentemente, no siempre se utiliza la construcción “y si…”. Hay muchas y variadas. Ojalá, me gustaría, si Dios quisiera…

Los hay de lo más variado pero todos tienen una característica en común. NUNCA, y digo NUNCA, ocurrirán.

Los “y si…” del pasado

¿Qué hubiera pasado si los nazis hubieran ganado la guerra? ¿Qué hubiera pasado si no le hubiera dicho a mi jefe lo que pensaba? ¿Y si se lo hubiera dicho de otra manera?

Una de la razones más sencillas para que un “Y si…” sea completamente imposible es que se formule en pasado. Cuando nos planteamos qué hubiera pasado hace 5 años si hubiéramos realizado tal o cual acción, ya es tarde. Porque no la hicimos y, hoy por hoy, no podemos volver atrás para enmendarla.

Los “y si…” ajenos a nosotros

Eran las 7 de la tarde y 5 compañeros ensayábamos para una obra de teatro, intentando ajustar los ritmos para que todo lo que teníamos que contar encajara en 10 minutos. Los 10 minutos que nuestro director de obra nos había establecido como límite.

Fue entonces cuando comenzaron las quejas y los murmullos: “ya, pero si nos dejara 12 minutos en lugar de 10 sí nos daría tiempo”. Sonaba tan lógico que, por un momento, estuve a punto de adscribirme a aquél pensamiento. Pero entonces recordé que la única condición establecida para la obra eran precisamente aquellos 10 minutos. E intenté zanjar una discusión que no iba a ninguna parte. Porque aquél “y si…” no estaba en nuestras manos.

Otra de las razones más fáciles para que un “Y si…” sea imposible es que dependa de circunstancias ajenas a ti. En estos casos, puedes enfadarte, despotricar, llorar o hacer lo que te dé la gana, pero no vas a conseguir que el “y si…” cambie por lo que te aconsejo la aceptación.

¿Y si los días tuvieran más horas? ¿Y si no hiciera tanto frío?

*Atención: algunos “y si…” de este tipo sí están en nuestras manos y hay que lucharnos, pero siempre contemplando la posibilidad de no conseguirlo

Los “y si…” a futuro

Hay otro tipo de “y si…” que llaman especialmente mi atención. Son aquellos formulados a futuro en los que no estamos dispuestos a participar.

¿Y si el año que viene consiguiera dejar de fumar? ¿Y si me pusiera más en forma?

En este aspecto, la respuesta es sencilla. Si quieres que algo se cumpla, empieza a moverte en esa dirección.

El mejor día para plantar una árbol fue hace 10 años. El segundo mejor día es hoy Click Para Twittear

La toma de decisiones

¿Y si decidiera no escribir este artículo sino irme a la playa a pasar un rato? Ah, pero no puedo. Tengo que escribir este artículo.

No puedo despedirme sin hablar de mis favoritos. Aquellos “y si…” en que enfrentamos dos decisiones  y justificamos no poder hacer nada por culpa de una u otra cuando dependen plenamente de nosotros.

"Y si..." la toma de decisiones

Evidentemente, podría no escribir este artículo. Podría irme a la playa sin más, sin preocuparme de que mañana el blog no publicase nada. Podría asumir que Pasión y Sonrisa me preguntaran por qué, si ellos sacan el tiempo cada semana, yo he decidido no hacerlo. Pero no me compensa.

Este caso tan estúpido es extrapolable a muchos otros:

– Es que tengo novio. Si no tuviera…
– Es que no tengo tiempo para aprender un idioma nuevo. Si lo tuviera…
– No estoy en forma para hacer un maratón. Si lo estuviera…

Conclusión

Mi conclusión es muy sencilla.

Los “y si…” son excusas para no aceptar la realidad. Para volcar sobre las circunstancias u otras personas aquello que no nos gusta pero no podemos cambiar.

No le veo sentido a regodearme en los “y si…” pasados ni en los “y si…” ajenos a mi persona. No divago planteando alternativas más idílicas que nunca llegarán a cumplirse. Las circunstancias fueron o son las que son y no vas a cambiarlas para ya.

Si quieres que algo cambie, establece un plan de acción basado en las circunstancias reales y no en las que te gustaría que fueran.

Perderás mucho menos el tiempo.

Extra

No olvides la intención positiva de la que habló pasión hace algún tiempo.

En algunas ocasiones, por un momento, me paro a pensar que hubiera pasado si de pequeño no hubiera sido tan miedoso. Si no me hubiera costado relacionarme, enfrentarme a miedos o simplemente hacer cosas nuevas con facilidad.

Y siempre lo hago en busca de esa intención positiva: “Si todo eso no hubiera ocurrido, probablemente yo no hubiera trabajado durante años en convertirme en la persona que soy”

Pero este “y si…” no trata de cambiar el pasado, sino de cambiar mi percepción del pasado, convirtiéndola en una percepción mucho más positiva para mis planes futuros.