“Tienes que tener confianza en ti mismo” Lo he oído tantas veces que ya me enerva.

La confianza es un concepto abstracto que no puede medirse. Al menos no de una forma objetiva. Porque todos sabemos quién tiene más confianza y quién tiene menos. Por ejemplo: se supone que yo tengo una confianza arrolladora. ¡JA!

Cuestión de perspectivas

Es mentira. Mi confianza ni es arrolladora ni es ni siquiera confianza. Yo lo llamaría más bien esperanza, con un puntito de “a ver qué pasa” y “fracasar es divertido”.

Durante años he vivido condicionado por un miedo que me invadía en cada situación que escapaba a mi control. Un miedo a equivocarme y fracasar. Siempre creí que ese miedo era algo intrínseco, que no se podía eliminar. Ni siquiera atenuar. Es el archiconocido “miedo al fracaso”.

Solo que, en mi caso, venía aderezado con pizca de su propia sal. Así que el miedo final que me ha paralizado durante años ha sido: “fracasar y que otros salgan escaldados”.

Porque en mi absoluta soberbia, me siento capaz de enfrentar cualquier adversidad pero, en ocasiones, prejuzgo que la persona que tengo delante no lo es. Por las razones que sea.

El caso es que ese miedo me tenía harto, así que me metí con Pasión en nuestro laboratorio secreto de pruebas(mi casa) y aplicamos una serie de prácticas de PNL que pretendían terminar con él.

El fracaso no es lo que te preocupa

Entonces, un día descubres que el fracaso no es lo que te preocupa. Lo que te preocupa es lo que viene después, las consecuencias: hacer el ridículo, perder un amigo, una pareja, un trabajo….
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Solo que todos esos miedos casi nunca llegan a hacerse realidad. Así que te replanteas: ¿qué es lo peor que ha pasado cuando he fracasado?

Pasión me ha contado unas cuantas decenas de veces “la noche de mierda de Pasión”. Es una noche de absoluto fracaso. Un fracaso estrepitoso, caótico….y jodidamente divertido.

Me ha contado esa noche decenas de veces y solo un par el día que tuvo éxito con aquella chica rubia tan mona. O la pelirroja de los bancos de madera. O cuando entró en la carrera casi de rebote. Todos sus éxitos me los ha contado 3 o 4 veces. Pero sus fracasos….joder….si es que soy capaz de contarlos yo mismo.

Replanteando creencias con PNL

Y uno se plantea sus propias creencias. A ver si va a ser que el fracaso no es tan catastrófico sino que, en el largo plazo, tiende a ser más bien divertido.

Y ahí entra la PNL, la “instalación de nuevas creencias” y mi nueva y encantadora nueva forma de ver el mundo: “El fracaso es divertido”.

¡Pero espera!! ¿Qué pasa con los demás? ¿Qué pasa si sigue afectándoles?

Pues nuestro inconsciente es un duende juguetón, porque semanas después de instaurar una nueva creencia nació muy dentro de mí el concepto “firmar el contrato”.

El contrato

El contrato no es algo físico ni material. Es un contrato metafórico por el cual reconoces estar dispuesto a “meterte en lios y aprender a salir de ellos”. Algo que me enseñó en su día Incubus y que cambió un poco mi forma de ver el mundo.

Y así es como alguna gente de mi alrededor firma, un poco sin saberlo, el contrato en el que se estipula que podemos “liarla mucho”. Liarla hasta el punto de necesitar de todas nuestras mejores herramientas para salir del embrollo.

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Uno de esos embrollos en que estás nervioso, asustado, perdido….uno de esos momentos en que sientes que pierdes un poco el control. Y oye, ¿te has dado cuenta de que suelen ser esos los momentos que más valen la pena?

Y es en ese momento cuando descubres que tienes herramientas, aunque todos los demás ya se habían dado cuenta antes.

– Acabo de descubrir que tengo muchísima labia por teléfono

– Tienes muchísima labia en general. Lo del teléfono solo es otra forma de utilizarla

Pero ese contrato no lo firma todo el mundo. En ocasiones, lo firma gente que ni siquiera ha oído hablar de él y en otras, hay gente que desea firmarlo pero su firma me parece falsa y no me resulta válida.

La confianza que sientes depende de la confianza que das. Click Para Twittear

Porque hay gente que no está realmente interesada en cambiar. Que vive a gusto en su zona de confort. Diré más, hay gente que vive más a gusto en su zona de incomodidad que en la zona de aprendizaje. Esa gente jamás podrá firmar el contrato.

La confianza depende de ti

Pero todo esto del contrato, de las creencias y demás, venía a cuento de la auto-confianza. O qué leches, de la confianza en general.

Pues os voy a compartir otra gran enseñanza que me dieron hace años.

La confianza que sientes depende de la confianza que das.

¿Nunca has sentido que tenías una confianza arrolladora con alguien que apenas conocías pero seguías sin tener confianza con ese compañero de trabajo con quién compartes 8  horas diarias cada día?

Cuando estés delante de alguien y sientas que no hay confianza, en lugar de sentirte nervioso, débil, inferior…(que también, que hay que saber disfrutar de cada pequeña sensación). Cada vez que llegue ese momento, ábrete.

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Cuéntale a tu interlocutor, cuéntale a esa chica que sabes que quiere besarte pero es incapaz de tomar la iniciativa que tú(ese chico seguro, confiado y teóricamente atractivo) también estás temblando por dentro. O cuéntale a tu jefe que estás super nervioso porque no sabes cómo  decirle que quieres un aumento de sueldo. O a ti mismo que  no te atreves a dar el último salto para saltar de un puente. Pero cuéntales también que tú, cuando quieres hacer algo, lo haces. Y si tienes miedo, lo haces con miedo.

Y bésala, pídelo, salta, cojones. Que si te rechazan o terminas vomitando de la impresión, ya nos lo contarás y nos reiremos juntos.