Tengo un ojo hinchado, un brazo amoratado y una pierna dolorida. Es lo que tienen las peleas, ganes o pierdas.

No soy un profesional de MMA, boxeo, aikido ni de ningún otro arte marcial o defensivo. No soy ni siquiera amateur. Soy un simple practicante.

Practicante. Me encanta esa categoría porque me exime de toda exigencia. Un practicante, practica, más allá de vencer, lograr el éxito o conseguir ningún logro específico.

Un practicante se enfrenta a su oponente por el placer de hacerlo, para probar nuevas técnicas y fallar cientos de veces antes de conseguir encajarlas sobre su contrincante. O contrincantes.

Si es tu primer día en el club de la lucha, tienes que luchar.

Reconozco que estaba acojonado. Durante mi vida, he practicado bastantes deportes más o menos de combate, pero NUNCA he tenido un combate de verdad.

Pasión estaba ante mí, enfundado en sus guantillas y con esa sonrisa que le nace cuando se divierte. Me miraba divertido.

Por mi cabeza sólo se mecían pensamientos negativos. Pensaba en los golpes que iba a recibir, lo mucho que iban a doler y que, quizá, iba a terminar con moratones por todos lados. Y eso duele mucho.

Uno de los grandes miedos que tenemos en la vida es a encajar un golpe. Nos da miedo que, al girar la esquina, la vida nos sorprenda con una mala pasada. Tenemos miedo de no ser capaces de superarla. Que duela tanto que nos quedemos para siempre aferrados a ella.

 

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Y hay gente a la que le ocurre. Pero también hay gente a la que no. Es cuestión de perspectivas. De la forma en que vemos el mundo.

Cae y levantate

El primer golpe fue contundente. Un derechazo directo que, curiosamente, no dolió tanto como me esperaba. Supongo que fue porque la sorpresa venía después. El pie derecho de Pasión se enredó con el mío y lo impulsó hacía arriba. Y a mí, hacia abajo.

Lo primero que te enseñan en cualquier forma de defensa es que, tarde o temprano, vas a acabar en el suelo. Vas a caer. Es indiscutible. La siguiente lección es casi obligatoria. Si caes, que sea para levantarte lo antes posible.

Si caes, que sea para levantarte lo antes posible. Click Para Twittear

Es lo que ocurre de normal ante un golpe de la vida. Lo recibes, caes y entiendes que el siguiente paso es levantarte y aprender a evitar otro golpe parecido.

Pero sobretodo, aprendes que una caída no marca el fin del combate.

Acepta el golpe

Tras levantarme, entendí algo: tenía tanto miedo por recibir un golpe que me había llevado más de los necesarios sin aprender de cada uno de ellos. Eso no podía pasar más.

Me fijé en la cara de Pasión, su concentración, su diversión y en el movimiento de sus brazos. Venía el siguiente golpe. Un gancho a mi sien.

Hay una lección muy poco intuitiva es casi todos los artes marciales que conozco. Pero especialmente en el boxeo. Ante un golpe, en lugar de alejarte, tienes que acercarte. Moverte hacia el puño que viene hacia ti.

Acepta el golpe: dolerá menos y podrás contraatacar. Click Para Twittear

Va en contra de todo lo que te dice tu cuerpo, pero también es la forma más rápida de seguir luchando: el golpe duele menos y puedes contraatacar.

Contraataca más fuerte

Mi brazo izquierdo protegió la sien y entró contra su gancho. Noté el contacto, sentí el dolor y lancé mi rodilla. Directa a sus partes nobles.

Una vez asumes que vas a caer, que vas a recibir golpes y que va a doler, tienes una gran ventaja. Porque vas a dejar de evitarlo. Vas a entender que es una parte más del aprendizaje. Probablemente, la parte más importante del combate.

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Debes estar dispuesto a aceptar los golpes porque te van a enseñar poderosas lecciones que te servirán para contraatacar.

Y por supuesto, contraataca. Aprende de cada fallo y contraataca más fuerte.

Aprende de cada fallo y contraataca más fuerte. Click Para Twittear

Si te caes, te levantas.

Si pierdes un empleo, busca otro. ¿Tu chica, o tu chico, se va con otro? Aprende a quererte a ti mismo y vuelve a empezar.

Un golpe, una caída, no son más que un nuevo punto de partida.

Cambia de oponente

– ¡Cambio! Te juró que me pilló por sorpresa.

Sergio se acercaba a mí con su casi 3 metros de altura. Vale, quizá no era tanto, pero es lo que me pareció: Pasión tiene más o menos la misma altura que yo, nuestros brazos alcanzan la misma distancia y mis patadas llegan más lejos que las suyas. Pero cuando Sergio se puso ante mí, me sentí empequeñecer.

Había que cambiar de estrategia.

Al igual que con las circunstancias que encontrarás en tu vida, no todos los oponentes son iguales. No a todos te vas a enfrentar del mismo modo. Quizá tu oponente sea más alto que tú. O más fuerte. O más rápido. Tienes que adaptarte a él, combatirlo personalmente siendo flexible.

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En la vida, no todas las circunstancias requerirán de las mismas capacidades. A veces, necesitarás ser sensible. Otras, decidido, líder, seguidor.  Adáptate a las circunstancias y actúa en consecuencia. Analiza la situación y practica. Practica tantas veces como sea necesario.

Adáptate a las circunstancias y actúa en consecuencia Click Para Twittear

Tendrás que aprender nuevas formas de contraatacar, de defenderte, de caer y levantarte.

Anticípate

Estaba claro que uno de mis puñetazos no iba a alcanzar su cara. Toda la estrategia cambió. Ésta vez, iba a ser yo el que iniciara el intercambio de golpes: entrar, aceptar su golpe y contraatacar.

Hay que aceptar la vida tal y como viene. Pero si tienes intención de hacer una entrevista de trabajo en inglés, no te va a venir mal anticiparte y tirarte dos semanas practicando con amigos. O si has quedado para correr la maratón, deberías probar a correr antes 10, 15, 21, 30 km.

Prepara tus próximas metas. Click Para Twittear

En muchas ocasiones, puedes anticiparte a las circunstancias y prepararte para ellas.

Aprende la lección

El agua caliente se deslizaba sobre mi cuerpo, marcando con un dolor leve cada uno de los puntos donde había recibido un golpe. Es curioso, porque mientras combates, no eres consciente de la cantidad de veces que logran entrar en tu guardia y encajarte un derechazo. O una patada. Simplemente, vives.

Mi ojo derecho estaba hinchado y un rasguño paralelo se dibujaba desde mi nariz hasta mi mejilla. Pero si buscaba el momento en que se había producido el golpe era incapaz de recordarlo.

Si recordaba, en cambio, la patada frontal que había marcado en mi muslo derecho un intenso dolor, por una mala defensa. Lo recuerdo porque en mi cabeza saltó una alerta. No me hablaba de dolor, ni de retirarme. Decía simplemente: “Así no. Tendrás que aprender a defender mejor.”

Pero quizá, el momento álgido de la pelea. El momento en que más había aprendido fue el que amorató mi brazo derecho. Pasión aceptó un marcaje de izquierda para devolverme una retahíla de golpes por todo el cuerpo.

Pero no dolía. Es lo que más llamó mi atención.

Todos esos golpes, moratones, heridas y marcas, no dolían. Y apenas sí habían dolido durante el combate.

De alguna forma, comprendí una de las grandes lecciones de mi vida. Los golpes más duros de la vida SIEMPRE duelen menos de lo esperado.

Hace mucho tiempo leí que la vida es tan paciente que te repite la lección hasta que la aprendes. Dicho de otro modo, si no eres capaz de enfrentar un miedo, ese miedo reaparecerá en tu vida indefinidamente, una y otra vez hasta que consigas enfrentarlo.

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Enfrenta el miedo, aprende de él y no volverás a temerlo. Click Para Twittear

En conclusión, no creo que practicar un deporte de contacto vaya a hacerte estar más preparado para una pelea, porque las peleas son completamente impredecibles y peligrosas. Las peleas deben ser evitadas a toda costa.

Eso sí, practicar un deporte de contacto, sentir los golpes y el dolor, compartir unas cervezas con los amigos mientras se comenta la experiencia puede ayudarte, y mucho, a enfrentarte a la vida.