¿Podemos controlar las emociones? Gran pregunta. Si nunca te la habías hecho, ahora es el momento. Al igual que los pensamientos, no podemos elegir cuando aparecen. Pero sí cómo gestionarlas. En eso se basa en autocontrol, uno de los pilares de la inteligencia emocional.

De hecho, tu vida se basa en cómo interpretas tus emociones. No es lo que te pasa. Sino lo que haces con lo que te pasa. Según cómo actúes frente a esa emoción, te condicionará de una manera o de otra. Te potenciará o te limitará. No hay término medio.

Un poco de historia evolutiva.

Somos lo que somos gracias a ellas. A nuestras queridas emociones. Sin su ayuda, nuestros antepasados cavernícolas habrían muerto de mil maneras. No puedes evitar sentirlas. De todo esto tiene la culpa la amígdala. Esta parte del cerebro es la encargada de gestionarlas. De dar una respuesta automática ante una amenaza. Bien sea real, física, o producto de nuestra imaginación, cómo ya dijimos anteriormente.

Y que se active está genial. De hecho, es su trabajo. Pero lo malo es que se vicie. Es ahí cuando se produce el famoso secuestro por la amígdala. Es por eso que es muy conveniente detectar esas señales. Las que te indican que estás a punto de perder el control. Es la única manera de detener el proceso. O al menos retrasarlo.

Otra dato curioso. Hay estudios que dicen que la emoción que más dura es la tristeza. ¿Vaya panorama eh?Sabiendo esto, ya tienes otra razón para ponerte las pilas y entrenar el autocontrol. Hay que tenerlas vigiladas a todas, eso está claro. No sólo a la tristeza. Por ejemplo, una alegría desmedida puede desembocar en una falsa euforia. El exceso no trae nada positivo.

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Pierde el control.

A continuación, unas sencillas pautas para dejarte poseer. Para que tus emociones tomen pleno control. Puede que te suenen de algo. Quizás no las hayas llevado todas a la práctica. Pero seguro que más de una vez te las han aconsejado. Lo dicho, si quieres perder las riendas, sigue leyendo.

Omite lo que te preocupa. No intentes pensar en eso. Y cuanto más lo intentes, más lo harás. Gracias al efecto rebote, volverás a pensar en esa emoción de la que quieres librarte. Y eso es algo muy complicado de conseguir. Seguramente hayas pasado por épocas no demasiado buenas. De esas que sólo das cabida a pensamientos negativos. No es una sensación nada agradable. Intentas no machacarte. Hacer desaparecer esos recuerdos que te invaden. Y cuando te quieres dar cuenta, han vuelto con más fuerza.

Relájate y respira hondo. Es una de las tradiciones más antiguas para invocar a la calma. Más de una vez te lo habrán recomendado. Seguramente te hayas quedado igual. El componente físico de las emociones no suele ser importante. Al igual que pedirle a alguien que se tranquilice, eso no funciona. Imagina que tu madre ha discutido con tu hermano. Antes de reñir, ella estaba en un estado de calma. Y eso no ha evitado que fuera invadida por la ira. Al pedirle que se calme, estarás tratando los síntomas, pero no la causa.

Libera la tensión por otras vías. Puede que te haya pasado más de una vez. Pegar un puñetazo a la pared. O una patada a lo primero que pilles. Todo para intentar minimizar tu cabreo. Si tiras de memoria, recordarás que nunca ha funcionado. Igual que los sitios estos que se pusieron de moda. Dónde podías ir y destrozarlo todo. Vajillas, sillas y demás. Hay estudios que demuestran que este tipo de cosas conducen al incremento de la agresividad. Las emociones necesitan ser comprendidas para evitar que nos dañen.

Oblígate a tener pensamientos positivos. Existen muchas opiniones sobre el pensamiento positivo. Diferentes puntos de vista. Algunos dicen que son capaces de acabar con las emociones negativas. Otros que le restan intensidad. En cualquier caso, las emociones se gestan en el subconsciente. Y cuando somos conscientes de ellas, suele ser demasiado tarde. Lo que si que de verdad es efectivo, es reinterpretar las situaciones. Esto hará que el auto-sabotaje se detenga. En vez de decirte “no puedo con esto”, cámbialo a “¿cómo puedo con esto?” Gran diferencia.

Por esta vez, espero que no hagas caso práctico a lo leído. Y que hayas dado con la tecla de por qué no logras calmarte cuando te lo propones. En el siguiente artículo sí que te propondré varias maneras de conseguirlo. Buena falta hace hoy en día. ¡Gracias por leernos!