Si hay algo que nos gusta a los miembros de este blog es tocar los cojines. Solemos ser políticamente incorrectos, ir a contracorriente de la masa y escribir las cosas como son, no cómo queremos que sean. Y eso molesta a mucha gente. Y mola. Nos mola mucho, porque eso es que damos en la llaga, aunque no tanto como nos gustaría.

Hoy voy a desmontar uno de los mitos que, bajo mi punto de vista, se han ido haciendo cada vez más poderosos por falta de información y, sobre todo, malinterpretación de la palabra.

Nuestro amigo el Estrés.

Qué palabra tan oída y a la vez tan odiada en los tiempos que corren. Y qué mala fama le hemos ido dando a la pobrecita sin tener ella culpa.

El estrés es un proceso que tiene lugar en nuestro cerebro, y que pone en marcha dos mecanismos. Lo que ocurre es que la mayoría de nosotros tan sólo tiene constancia de uno. Y precisamente no es el que nos favorece. Estamos habituados a activar el mecanismo de supervivencia, cuando lo que nos ha hecho progresar durante la evolución, dos millones y medio de años, ha sido el mecanismo de adaptación.

Hoy voy a contarte algo sobre el primero. Verás cómo cuando acabes de leer, la palabra estrés ya no será lo mismo para ti.

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Mecanismo de supervivencia.

Todos tenemos un amigo así. El típico con el que cuanto menos te juntes con él, mejor. Porque siempre acabáis haciendo cosas que no te aportan nada. O incluso peor. Puede que te desvíe de tus metas si pasáis demasiado tiempo juntos. Pues bien, este mecanismo es cómo este amigo. De vez en cuando está bien activarlo, pero ya cogerle el vicio de ir todo el día con él, eso si que no.

¿En qué nos ayuda?

¿Alguna vez has estado a punto de ser atropellado por un autobús? En caso de que no seas Spiderman y no tengas sentido arácnido, debes saber que sigues vivo gracias a este mecanismo. Él fue el que hizo que te quedaras petrificado y no dieras el siguiente paso.

¿Ibas un día paseando por los bosques de Alaska, cuando de repente te apareció un oso pardo de detrás de un árbol? Fue él quién hizo que despertara en ti el instinto cavernícola que llevas dentro y te incitó a coger aquella rama y pelear contra esa bestia.

Brooklin, 05:42  horas. Vas de camino a casa después de una larga noche sirviendo copas en un club de mafiosos. Cuando de la nada te aparece un bandido portando una navaja. Lo has adivinado. Fue este mecanismo el que te ayudó a correr casi tanto como Usain Bolt cuando batió por enésima vez el récord de velocidad.

En estos casos, situaciones puntuales, la activación ha sido por un momento muy breve. El cerebro ha enviado sangre a la amígdala, para que este proceso suceda. Así es cómo se pone en marcha este mecanismo.

Como has podido comprobar, los ejemplos que te he expuesto son ante amenazas físicas. Y es ahí solamente cuando tenemos que hacer uso de este proceso. El problema es que la mayoría de veces respondemos a situaciones cotidianas cómo si de amenazas físicas se trataran. Y mucho me temo que ahí, nuestro querido amigo no nos va a ayudar ni un poco.

 

No dejes que te destruya lentamente.

Nuestro querido cerebro ha ido evolucionando durante siglos. Y es el órgano más poderoso e increíble del que dispone todo ser humano. Pero pasa una cosa, en algunos aspectos se ha quedado obsoleto: algunas veces interpreta que nuestras creaciones mentales son amenazas físicas. Es ahí cuando él interpreta que nos es necesario sobrevivir.

Afortunadamente, hay varias cosas que podemos tener en cuenta para evitar la activación del mecanismo de supervivencia.

  • El manejo de la atención. Mira que la realidad es amplia. Pero, ¿en que te enfocas? Mucho tiene que ver dónde pones la atención. Aunque parezca obvio, vemos dónde miramos, lo que significa que aquello en lo que te enfoques, crecerá. Igual con cambiar de gafas empiezas a notar potentes cambios.
  • Toxicidad ambiental. Existen personas que te dejan huella. Y eso mola mucho. Pero también las hay que te dejan más vacío de energía que un móvil después de una tarde cazando Pokemons. Lo ven todo negro, y aunque intentes evitar contagiarte, lo harás de manera inconsciente. Aléjate de ellos, son vampiros emocionales.
  • Las expectativas que tengas en ti. El sentirte animado, confiar en ti y tener altas expectativas produce cambios. Y qué cambios. Mantiene a raya este mecanismo produciendo cambios químicos en la sangre.
  • Diálogo interno. Tienes que tener muy en cuenta cómo te hablas a ti mismo. Educa a tu voz interior. Haz que te potencie, no que te limite. A través de conversaciones negativas con nosotros mismos es  facilísimo poner en marcha este proceso.

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Algunas razones para que dejes de hablarle a tu amigo.

Volviendo a la metáfora de hace un momento, te presento algunos de los efectos que te produce pasar demasiado tiempo con ese mecanismo casi obsoleto hoy en día.

  • El corazón puede llegar a trabajar hasta cinco veces más. Esto no hace ninguna falta, de verdad. Porque lo que puedes conseguir es llegar a padecer patologías cardíacas, como por ejemplo, arritmias.
  • El tubo digestivo no recibe suficiente suministro de sangre, por tanto, la comida no avanza. Entonces, la comida se pudre y se fermenta, lo que da lugar a que se dilate el estómago y se produzca meteorismo. Es entonces cuando empezamos a tener reflujo. Luego, esa misma bolsa de gas que ha producido todo eso, pasa al intestino grueso, dando lugar al colon irritable. Bonito, ¿verdad?
  • Cuando está activado,el cerebro entiende que lo que nos protege ante virus, bacterias y tumores no es esencial. Es entonces cuando estamos vendidos ante una gripe o un catarro, en el mejor de los casos.
  • Además, afecta al sueño, a la fertilidad y es el culpable de muchos dolores musculares.

 

Espero haberte hecho pensar un poco y haberte generado algo de curiosidad. Y si te preguntas si le tengo manía al mecanismo de adaptación la respuesta es NO. Te lo presentaré en una futura entrega no muy lejana. !Gracias por leernos!