La vida mola. La mires por donde la mires. Mola. Y si además activas tu zona prefrontal, la última actualización del ser humano, y te cargas de dopamina, la vida mola aun más. Pero el caso es que para que mole realmente tienes que estar dispuesto a vivirla. Siempre me ha parecido curioso que haya gente que en cada día encuentra una aventura y otra que no las vive ni en todo una década. ¿Qué está pasando? ¿Por qué este trapicheo del azar?

Estar dispuesto a…

Hay personas que se enfadan por todo. Se agobian. Se estresan. Parece que vivan en una desgracia constante. Es más, parece que el universo entero haya conspirado para putearles solo a ellos. Son los mismos que están en la oficina sin reírse. O los que pasan horas en clase con caras largas. Exactamente aquellos que van a un monólogo y no sueltan ni media carcajada.

Pero también está la otra cara de la moneda. Esta gente que se va 5 minutos y vuelve con una aventura nueva que contar. Estos que a pesar de estar en el metro a las 6 de la mañana no paran de echar carcajadas. Los que no necesitan tener motivos para estar bien.

¿Sabes cual es la diferencia? Unos están dispuestos a que pasen experiencias y otros no.

Pero decirlo es más fácil que hacerlo…

¿Qué significa esto…?

¿Qué significa exactamente estar dispuesto a que pasen experiencias? Mucha gente se queja de que no tiene éxito o que no triunfa o que… yo que se… Son ellos mismos los que no dejan que eso pase. A ver… me explico:

¿Sabías que Burt Reynolds, antes de llegar a actor quiso ser jugador de futbol profesional? Cuando se le acabó el chollo del fútbol por una lesión en la rodilla quiso ser policía. Pero algunas montañas rusas le llevaron a recibir clases de teatro donde mostró bastantes habilidades, llegando más tarde a la gran pantalla.

Johnny Depp quería ser músico. Pero su banda no tenía los mismos planes y se derrumbó en picado. Su primera esposa, la hermana de uno de los integrantes de la banda, era maquilladora profesional. Por azar le presentó a Nicolas Cage y este le sugirió actuar.

Steven Seagal era un profesor de aikido. Resultó que uno de sus estudiantes era un agente de Warner Bros… imagínate el resto.

Harrison Ford era carpintero. Jason Statham un vendedor de perfumes…

¿Sigo?

Puedes pensar que todo fueron golpes de suerte pero realmente hay un elemento común en todos ellos. Romper los planes, improvisar, arriesgar, darle pie a la incertidumbre y estar dispuesto a que pasen experiencias.

Claro… claro…

Ahora me vas a decir que si te viene George Lucas ofreciéndote un papel en su próxima película lo vas aceptar sin rechistar pero… dime una cosa… ¿Cuantas veces has aceptado planes disparatados de otras personas? ¿Has roto tus esquemas para acabar haciendo algo que no estaba en tu agenda? ¿Cuantas veces has arriesgado? ¿Has explorado todo tu potencial y has invertido toda tu energía en lo que mejor sabes hacer?

El ingrediente que te falta para tener SUERTE

Estoy seguro que hay un montón de historias de gente desconocida que simplemente ha rechazado el éxito. Ha rechazado esa aventura. Han tenido toda la fortuna en una mano pero la han dejado escapar… ¿por qué? Llámalo miedo, aun que últimamente me gusta llamarlo rigidez.

Los contratos indefinidos no son eternos, son indefinidos. Click Para Twittear

Dale flexibilidad a tu vida.

Lo llamo rigidez en contraposición a Flexibilidad. Y yo defino flexibilidad justamente a la capacidad de cambiar de plan vital. Alterar tu plan de esta tarde. De esta semana. De este mes. La capacidad de no agarrarte a algo sino ser ágil y moldeable. Nada es para siempre. Los contratos indefinidos no son eternos, son indefinidos. Tu plan vital no es eterno. Se puede cambiar, alterar, modificar. Has quedado esta tarde para ir al centro, pero puedes acabar yendo a otro pais, siempre que tengas visado claro. El trabajo de tu vida con el que sueñas y te parece interesantísimo, mañana puede aburrirte. Esa carrera que has estudiado, puede desilusionarte en cualquier momento. Aprende a tener flexibilidad.

Y créeme, hay mucha rigidez mental en el mundo. Lo más importante al final es reconocerla, aceptarla y, a partir de ahí, empezar a caminar. Al fin y al cabo, nunca sabes dónde puedes encontrar un director de película. En el trabajo, en la universidad, en un concierto de jazz, en un burger king, en un semáforo…