El mundo en que vivimos se empeña en recordarte, casi diariamente, que debes luchar por tus sueños. Debes luchar por alcanzar esas metas que, por fin, te harán sentirte feliz y completa. Que te harán sentir que la vida es maravillosa.

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Sin embargo, cuando hablo con la gente que me rodea, rara vez tienen claro cuáles son esas metas. Y aquellos que las tienen suenan tan distantes que me apiado de su alma infeliz hasta alcanzarlas. Si es que un día lo consiguen.

La gente feliz

Sin embargo, conocerás otro tipo de persona. Un conjunto de especímenes humanos extraños que dicen ser felices. Que dicen disfrutar de la vida en su día a día y que, ironías del destino, no saben especificar cuál es su sueño. Ellos simplemente ya son felices.

Los habrás conocido en los ámbitos más diversos.

Puede que los encontrarás en un barco a la deriva sin más expectativas que vivir el momento y actuar frente a desconocidos. Quizá los has conocido en una ecoaldea, viviendo con lo justo, sin internet, sin automóviles y sin teléfono. Puede que también los hayas conocido en ricos yates, o surcando el cielo en helicópteros carísimos.

Incluso, puede que hayas conocido a Pasión, y hayas visto que su felicidad parece basarse en que le peguen una pequeña paliza cada día, ya sea en judo, jujitsu, krav maga, kick boxing o las decenas de “artes marciales” a las que dedica sus tardes.

Quizá lo hayas visto en la sonrisa hijoputesca de un Carlos del que nadie entiende los chistes, pero a quién eso no le impide seguir haciéndolos.

O quizá, después de tantos años, hayas visto la felicidad en alguien que trabaja en un sector que odia y que, a cambio, ha sabido reconfigurar su vida para disfrutarla a diario.

Abandona los sueños, busca tu camino

Pues te contaré algunos secretos.

Todos ellos son infelices en algún momento. Todos ellos dudan por un instante de quiénes son, de si tomaron las decisiones correctas y de dónde les llevará la vida. Y todos ellos NO luchan por sus sueños. Descubren cada día un poco más el mundo y le roban porciones de tiempo que disfrutan, que les hacen sentir bien. Todos ellos, en definitiva, tienen más un camino, un modo de vida, que un sueño a alcanzar.

Porque la gente feliz raramente tiene sueños hiperdefinidos que, al alcanzarlos, les permitan ser más felices. La gente feliz tiene un camino.

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Habrás visto decenas de películas en las que el protagonista prueba una nueva experiencia y descubre que está hecha para él. Casi le embriaga un éxtasis irresistible que le hace sentir que nunca antes se ha sentido así.

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Fluye por cada segundo de la experiencia, disfrutando de cada instante, paladeando los matices, sintiendo los sabores, observando sus sensaciones. Y para colmo descubre que es bueno, muy bueno, el mejor. Resulta que nunca antes había experimentado algo parecido y comprende que debe dedicar su vida a esa experiencia para ser feliz.

Esa experiencia puede ser su primera clase de teatro, en el gimnasio, en inglés o en lo que sea. Aunque por la descripción casi parece su primer chute de alguna droga psicodélica.

¿Te ha pasado alguna vez?

Lo dudo.

Y no te va a pasar.

El problema del exceso de expectativas

Existe un truco mental interesante en cada uno de nuestros cerebros. Cuanto mejores somos en algo, más nos gusta.

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Es un juego interesante porque implica que el primer día que realizamos una nueva actividad, probablemente no seamos buenos en ella. Y esto, a muchos, les hace sentir que esa actividad no es para ellos.

Elena quería probar teatro, llevaba años deseando hacer porque siempre había sido uno de sus sueños. Sabía que, sobre un escenario se sentiría especial. Así que decidió apuntarse a una academia para empezar. Pero no acabó de gustarle. Pensó que ella lo que quería de verdad era actuar. Designios de la vida, el tiempo la puso sobre un escenario, actuó y disfrutó. Pero no sintió la magia.

Y es que esa magia no existe.

Es tiempo de recuperar rutinas

¿Y a qué viene esto? Viene a que, como dijo Pasión, es tiempo de recuperar rutinas, o si tus rutinas no te hacen feliz, de generar rutinas nuevas.

Y desde aquí quiero recordarte, una vez más, que la magia no existe. Que no deberías esperar fuegos artificiales y una música de orquesta de fondo el primer día que vayas a bailar (bueno, quizá sí puedes esperar la música de orquesta). O a teatro, o a esa nueva clase molona de cómo cocinar con especias de Marte. O a escalar, saltar de un puente o saltar al vacío de conocer a un desconocido.

Cuando vayas a tu primer día de cualquier nueva actividad, probablemente te sentirás perdida, descolocada y verás que casi todos a tu alrededor lo hacen mejor que tú. Un secreto: llevan más tiempo que tú y también sintieron lo mismo el primer día.

Por eso, debes aprender a disfrutar de la incomodidad, de la incertidumbre. Debes empezar a disfrutar de cada aprendizaje, fijarte en cómo tu cuerpo se adapta, cómo tu cerebro se reconfigura para aprender.

Debes empezar a fluir por cada segundo de la experiencia, disfrutando de cada instante, paladeando los matices, sintiendo los sabores, observando tus sensaciones. Y para colmo descubrir que eres buena siendo mediocre. Nunca antes habrás experimentado algo parecido y comprenderás que ya debes ser feliz antes de dedicar tu vida a cualquier experiencia.

Se trata de actitud, siempre de actitud. Click Para Twittear

Se trata de actitud, siempre de actitud. Porque la vida, el rock & roll y el sexo, sólo es actitud.