De pronto, un día descubres que siempre has estado equivocado, que lo que creías válido ha dejado de serlo. Y desde ese día, todo comienza a encajar como un puzzle imposible de millones de piezas.

Ese día no fue ayer, pero ayer volvió a encajar una pieza nueva y no pueden quedar muchas.

Estaba en mis clases semanales de PNL, acompañado por mis buenos compañeros y pretendíamos resolver un conflicto interno de creencias personales. Dicho de otro modo, ¿nunca has sentido que quieres escoger el camino de la derecha y el de la izquierda a la vez?

Conflicto de creencias: elige el camino correcto

Hay que ser humilde

A lo largo de mi vida, he defendido que la humildad debía ser uno de mis valores rectores. La llama que iluminara mi mundo. Pero hace tiempo que comprendí que una humildad mal entendida sólo puede suponer una pequeña llama del tamaño de una cerilla en medio de un universo infinito.

Así que arranqué ese trozo de mí mismo y lo desprendí de mi persona. No para abandonarlo, sino para convertirme en él.

Bienvenido al camino de la izquierda.

Hay que comerse el mundo

En la esquina contraria, con calzón rojo y un peso de por lo menos 100 kg más que yo, mi contrincante.

No me fue fácil definirlo, lo reconozco. He vivido tanto tiempo en esa búsqueda de humildad que he cortado el paso a ese que siempre he considerado su contrincante, aún sin saber darle un nombre.

Busqué el valor opuesto. Y como no lo encontraba tuve que pedir ayuda. ¿Prepotencia? ¿Orgullo? ¿Seguridad? Ninguno de ellos acababa de encajar. Hasta que alguien redefinió el significado de Ambición, de Reconocimiento.

Bienvenido al camino de la derecha.

Que comiencen las presentaciones

Me convertí en la humildad, me convertí en un ser infinitamente humilde. Un ser cuya única característica es la humildad.

Me siento pequeño, amilanado, sometido. Me siento débil, receloso, apartado.

Pero también me siento cercano, oyente, amoroso, acompañante y con un interés profundo por la persona que mi mente pone frente a mí. Una persona cualquiera.

Sin embargo, veo frente a mí a esa ambición: un monstruo grotesco, engreído, furioso, irrespetuoso. Un hombre que vive por él y sólo para él, sin tener en cuenta a nadie más. Se cree un Dios, pero es un demonio.

Si esos son mis pensamientos, ¿cómo van a encajar las piezas?

Conflicto de creencias: humildad vs reconocimiento

Me convertí en ambición-reconocimiento. Me convertí en un ser que representa la necesidad, pero sobretodo la capacidad absoluta de comerse el mundo.

Me siento fuerte, seguro. Siento toda la fuerza de la naturaleza contenida en mí. Un volcán a punto de estallar. Me siento arder, por dentro y por fuera y dibujar una llama visible desde los confines. Me siento capaz.

Frente a mí, un pobre diablo que usa la humildad para esconder el miedo, la incapacidad, la debilidad. Pobre…

 

Buscando la intención positiva

En este punto, mi mente había terminado la práctica. Se había adelantado, recorriendo el camino antes de que María José me guiara.

Pero vayamos paso a paso.

“Ponte en humildad, ¿cuál es su intención positiva? ¿Por qué ser humilde?”

La respuesta no me sorprendió tanto como podría esperarse: me han dicho tantas veces que, a veces, avasallo que tengo miedo a convertirme en un tsunami y dejarlo todo desolado. Por eso necesito el contrato, por eso necesito ser sincero. Porque tengo miedo de hacer daño a los demás.

“¿Pero qué hay más allá? No es una forma positiva de plantearlo”

En este caso sí me sorprendió la sencillez de la respuesta: “quiero sentir que soy buena persona, que no resto sino que sumo.

Supongo que resulta complicado en este punto entender cómo podría encontrar un camino intermedio entre una humildad que quiere ser buena persona y la ambición más desmedida.

Pero la respuesta estaba a flor de piel porque no tardó ni un segundo en aparecer: “quiero servir de ejemplo a todos aquellos que quieren cambiar. Quiero sentir que sumo en cada persona a la que conozco”

¡Vaya! Al final, la Humildad y la Ambición-Reconocimiento pretenden lo mismo. Y sin embargo, son tan distintas…

Intercambiando recursos

Llegó el momento de compartir recursos. Llegó el momento en que Humildad debía entregar toda esa cercanía, escucha, amor… a su contrincante y Ambición-Reconocimiento debía hacer lo mismo con esa fuerza, energía y ganas comerse el mundo.

Y la magia se hizo.

Todos los recursos de Humildad se convirtieron mentalmente en un Budha brillante que fue entregado a Ambición-Reconocimiento.

Al acercarme con el Budha en la mano, el monstruo que había frente a mí: gigantesto, deforme, engreído, subido a un trono como si de un Dios se tratara cambió de tamaño para adecuarse al mío y bajó de su trono para aceptar mi presente.

Y de pronto ya no era un monstruo, ni gigantesco, ni deforme, ni engreído. Era una referencia, un ejemplo a seguir.

Por otra parte, todos los recursos de Ambición-Reconocimiento se convirtieron en un báculo y una piel de lobo.

Y al entregarlos a Humildad, ese ser decrépito, débil y cobarde, éste se convirtió en un chamán, un guía espiritual, un cuentacuentos que utiliza las metáforas y las historias para ayudar a otros a elegir su camino.

Fundiendo las 3 identidades

Me posicioné entre los dos: Humildad y Ambición-Reconocimiento. Y caminé hacia adelante, sintiendo cómo ambos se iban fundiendo conmigo dando lugar al chamán-guerero.

En mi mente se dibujó, una vez más, la imágen de un hombre, vestido con piel de lobo, repleto de cicatrices y con un báculo en su mano. Un hombre capaz de guiar y de seguir, capaz de adaptarse.

Y entonces comencé a caminar hacia el futuro, encontrando situaciones cotidianas a las que aplicar los aprendizajes.

Conflicto de creencias: fundiendo identidades

Destacaré dos de ellas.

En la primera, me encontraba frente a alguien que me aleccionaba, me trataba de humillar. Yo quería ser humilde pero me sentía atacado y débil. Pero invoqué al guerrero y dos lobos surgieron de mis costados. Y me sentí fuerte como para defender mis ideas. Sentí que la persona frente a mí no podía ocasionarme ningún daño.

En la segunda, yo era un gigante que aplastaba con sus pies a la gente que lo rodeaba. Era una conversación con más personas, pero no dejaba que nadie hablase. Imponía mis opiniones y no dejaba hueco a la réplica. Pero entonces escuché al chamán que me pedía serenidad. Y todo mi cuerpo se relajó. Y una sonrisa se dibujó antes de preguntar: ¿Y tú como lo ves?”

Todo esto ocurrió ayer, lo prometo. No tomé drogas ni hice ningún ritual mágico. Simplemente, permití que una compañera de PNL me guiara por dentro de mis pensamientos, de mis creencias y de mis valores.

Y hoy, sentía que tenía que contarlo, porque he encontrado la manera de tomar los dos caminos: el de la izquierda y el de la derecha. Y la forma es sencilla: va siendo hora de labrar un camino nuevo.