¿Has oído alguna vez la expresión “bajar el listón”? Yo, últimamente, la escucho mucho de boca de mis amigos. Y es que, a veces, hay que aceptar la realidad aunque no te guste.

Llevo una sequía personal en muchos aspectos desde hace algún tiempo. He perdido la motivación por muchos de los hobbies que, hasta ahora, me fascinaban y empiezo a sentir que lo único que me apetece es quedarme por casa y descansar.

Y todo esto, aunque empezó antes, se asentó en la época de exámenes.

Así que se produce una ironía deliciosa: estudiando psicología de la motivación, he acabado desmotivado.

Lo cara b, la cara positiva es que soy capaz de comprender el porqué y creo que es tiempo de darle solución.

La motivación es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma Click Para Twittear

Empecemos por el principio.

¿Cómo funciona la motivación?

El otro día pasión me decía que se sentía desmotivado para no sé qué (habla mucho, no puedo escucharlo siempre).

Pero la motivación es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

Siempre tienes motivación, bien sea para correr una maratón o para sentarte en el sofá y ver una peli. En ambos casos, estás motivado a esa conducta, aunque sean diametralmente opuestas. La motivación(como la fuerza) siempre te acompaña. No te va a abandonar bajo ningún concepto.

Entonces, lo interesante es alinear tu motivación con tus metas.

Cada vez que sentía que estaba cómodo con la nueva distancia, la aumentaba. Click Para Twittear

Ah, aquí esta la clave. Casi todas las teorías de la motivación hablan, de un modo u otro, de las expectativas positivas como fuente de motivación. En cristiano, si piensas que vas a fallar al intentar algo, te va a apetecer -1 intentarlo.

Expectativas de fallo

Durante un par de años, hice deporte a diario. Superándome cada día pasé de correr unos 500 m a 32 km sintiendo que había hecho el mismo esfuerzo. Esto me llevó mucho tiempo y perseverancia pero no me supuso un esfuerzo puntual exagerado. Simplemente, cada vez que sentía que estaba cómodo con la nueva distancia, la aumentaba.

Cuando te acostumbras a desarrollar eficazmente una actividad, quieres más. Y entonces pruebas nuevas formas de hacerlo, más eficientes. Así fue como empecé a entrenar de otras maneras. Y en resumen pasé de hacer 2 dominadas a 25 sin descansar. De nuevo, no me supuso un esfuerzo puntual exagerado. Simplemente, lo hice poco a poco.

Cuando llevas realizando una rutina durante meses, es fácil porque la tienes integrada y apenas necesitas fuerza de voluntad para mantenerla. Simplemente, son las 4 de la tarde y toca ir al gimnasio (o a la habitación que hacer las veces de gimnasio). O vas a cenar, y eliges verduras con algo de proteína. Todo muy sano. O vas por la calle y le dices a esa chica tan mona que es muy mona y que te has “enamorado un poquito”.

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Y todo eso es tan rutina que fallar ni lo contemplas. Es algo que haces a diario, y punto.

Pero cuando dejas de hacerlo por un tiempo, empiezas a dudar de tus capacidades. Es más, las pones a prueba y fallas.

Tiras a correr 30 km y en el 2 no puedes con tu alma. O vas a comprar unos plátanos para merendar y acabas en la sección de bollería. O te quedas mirando a la chica rubia de la mesa de al lado y te sumerges en tu diálogo interno sin llegar a decirle nada.

Señores, esas cosas pasan. Los fallos ocurren. Y, en este caso, es por falta de práctica. Pero claro, si piensas que vas a fallar al intentar algo, te va a apetecer -1 intentarlo.

Bajar el listón

En estos casos, entendiendo un poco cómo funciona la motivación, es hora de restablecer metas y utilizar incentivos más a corto plazo. Para que lo entienda Pasión, hay que “bajar el listón”.

Bajar el listón no es más que reducir las expectativas. Establecer una nueva medida del éxito más fácilmente alcanzable que sirva como trampolín a otras metas más elaboradas.

No intentes correr 30km sino 4. Establécete unas dieta sana pero sé flexible. Y no le digas a la chica rubita que te has enamorado, pero coméntale a tu mejor amiga lo bien que le queda el vestido.

Empieza poco a poco, rompiendo el listón. Y de nuevo, ve creciendo hasta recuperar quién fuiste o hasta redefinir quién eres.

Es hora de volver a empezar. Yo empiezo hoy. ¿Y tú, cuándo empiezas?