Tranquilidad. No pretendo atacarte con el título. Son errores que están a la orden del día. Los puede cometer el panadero de la esquina. O el famoso juez que tanto sale últimamente en la tele. Incluso tu superhéroe favorito. Por ejemplo Batman. Nunca sonríe.

El arte de conversar

A todos nos ha pasado alguna vez. No hemos encajado en algún grupo de personas desconocidas. O te han presentado a alguien y no habéis conectado. Y claro, lo más fácil es echarle la culpa al otro. Dejarle a esa persona toda la responsabilidad de que no haya fluido la cosa. Pero sabes tan bien cómo yo que eso es una forma de evadirte. ¿Que tal si nos hacemos nosotros un poco responsables?

Es deporte nacional culpar al otro. Eso, y criticar. No pongas esa cara, que todos lo hacemos. A partir de hoy te propongo que revises 9 errores muy comunes. Errores, que si tuvieras en cuenta, podrían dar un vuelco a tu comunicación.

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Errores capitales.

Se aprende a base de fallos. Pero la gracia está en ir reduciendo la cantidad. Así que aquí te dejo 9 errores que puedes estar cometiendo en tu día a día. A ver si puedes ir tachándolos de la lista una vez que ya sabes de su existencia.

Creerte el ombligo del mundo. Seguro que habrá pasado alguna vez. Le cuentas algún problema a alguien conocido. O una anécdota, da igual. Inmediatamente, cuando acabas de hablar, el interlocutor, lo relaciona con él mismo. Eso si te ha dejado terminar de hablar. Incluso puede que en alguna ocasión, los papeles sean al revés. Alguien te ha contado algo, y tu enseguida te has puesto a hablar de ti. Ahora eres consciente de este fallo. La próxima vez que te pase, vuelve a centrar tu atención en tu interlocutor.

Cerrarte en banda. Una creencia muy instaurada en la sociedad. “No te muestres vulnerable delante de desconocidos”. Al contrario de lo que pueda parecer, esto no te ayuda para nada. Revelar información personal a la otra persona es muy positivo. Estarás creando un vínculo entre vosotros. Tampoco se trata de revelar tus más oscuros secretos. Pero, ¿y si le hablas de tus pasiones o hobbies? Además, si le haces saber qué emociones te provocan, vamos, mejor que mejor. Todo esto, a ser posible, al principio de la interacción.

Hacer muchas preguntas cerradas. “Uff, que aburrido es, sólo me contesta con monosílabos”. Apuesto mi diente de oro a que alguna vez has pronunciado esa frase. O pensado. Pero…¿a que no te has parado a pensar cómo le estabas preguntando? Me refiero al tipo de preguntas que estabas utilizando. Este es uno de los errores más comunes. Si lanzas preguntas con las que sólo tengan la opción de contestar sí o no es muy complicado que fluya la conversación. Para que eso deje de ocurrir, te propongo algo. Haz que tu pregunta empiece por qué, dónde, cómo, cual por qué. Let it flow.

Creer que la otra persona es intocable. Piénsalo. ¿Qué sientes cuando algún amigo tuyo te da una palmadita en el hombro? Seguro que sólo te vienen sensaciones agradables. Pues tengo una buena noticia. !Tú también puedes hacerlo! Y no hace falta que sea amigo tuyo. No. En su justa medida, claro está, el contacto físico va ayudarte un montón. Te hará que tu interlocutor empatice más rápido contigo. Puedes usarlo también para apoyar tus emociones. Y toque sutil puede hacer maravillas. A parte de todo esto, te hará parecer más atractivo y cercano. ¿No está nada mal la oferta eh?

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No preguntar el nombre al empezar la conversación. Nada más sencillo y efectivo para dejar de ser unos desconocidos. Tanto tú, cómo la otra persona. Cuanto más tiempo paséis sin preguntar los nombres, más extraño os resultará hacerlo. Además, pocas cosas pueden producir más placer que oír tu propio nombre. Son todo ventajas. Al proporcionarle esas emociones tan placenteras, inevitablemente, te asociará con el placer. Si te parece incómodo lo de preguntar el nombre, preséntate tú primero. Así irá todo más rodado.

Postura cerrada. Por instinto, al estar cerca de alguien que acabas de conocer, es probable que adoptes la postura de brazos cruzados. Es tu amigo el inconsciente, que está evaluando lo desconocido. Lejos de ayudarte, está haciendo que proyectes inseguridad y desconfianza. Puedes argumentar que así te sientes más cómodo, pero…¿Cuando estás entre amigos, también adoptas esa postura? Al cruzarte de brazos, resultarás menos empático y más frío a la vista de la otra persona. Puedes usar esta postura cuando no te interese conectar con alguien. Por ejemplo, un vendedor de seguros.

Dirigir tus pies hacia otro lado. Aunque estén ahí abajo, importan. Más de lo que crees. Y no estoy hablando de que tengas en cuenta que no te huelan. Que también es importante. Al ser la parte más alejada del cerebro, menos control racional tenemos sobre ella. Son el espejo de lo que está pasando en nuestra mente inconsciente. Por ejemplo, si en una conversación alguien apunta su torso hacia ti, pero no sus pies, es que algo falla. Quizá esté deseando terminar de hablar contigo. Así que no estaría nada mal que vigilaras más la posición de tus pies. Pueden decir mucho más que tus palabras.

No sonreír. Quizá sea culpa del nerviosismo. O la presión al estar frente a un desconocido. Por diferentes razones, puede que se te olvide sonreír. Hay varias razones por las que deberías planteártelo, si es que no lo haces de normal. Para empezar te diré que con una sonrisa puedes comunicar que eres alguien de fiar. Una persona en la que la gente se puede apoyar. Además, hay estudios que demuestran que potencia el atractivo. Sobra decir que la sonrisa debe ser honesta y sincera. Por cierto, no hace falta estar todo el rato sonriendo. Es contraproducente.

No ser capaz de cortar a tiempo. El último recuerdo que tenemos sobre algo, predomina sobre el resto. Poderosa razón para no caer más en este error. Aunque parezca incongruente, dejar la conversación en la parte más interesante, es muy potente. Simplemente porque dejarás a la otra persona con ganas de más. Y su último recuerdo sobre ti será muy positivo. Mejor eso que invocar silencios. Esos que se producen cuando el ritmo de la conversación decae.

Si después de leer este artículo, se te colapsa el móvil por recibir millones de mensajes, puedes venir a buscarme. O si tampoco llegas a eso, pero notas que tus conversaciones han subido de nivel, también. Si no me encuentras, deja un comentario, que también te lo agradeceremos. ¡Gracias por leernos!