Ay el humor. Nuestro compañero de viaje perfecto. Aquel que nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva. Que con algunas de sus pinceladas, puede hacer que nos vean con otros ojos. Más atractivos, más seguros o más confiados. Y lo mejor de todo, es que se puede potenciar. Puedes sacarle más partido incluso.

Anatomía del humor.

Pero primero, vamos a destriparlo un poco. Hoy nos lo vamos a tomar cómo un juego. Y como cada juego, tiene sus reglas básicas. No es imprescindible seguirlas todas al pie de la letra para poder jugar. Pero qué mínimo que conocerlas y hacer de la partida algo más estimulante.

Todo depende de tu estado emocional.

El humor está muy vinculado a la inteligencia emocional. Un gran sentido del humor, denota una gran confianza. Para llegar a otros niveles de humor, debes olvidarte del resultado. Desvincularte totalmente. Es decir, podrás enfrentarte a todo tipo de reacciones. Es todo una cadena. Más autocontrol, más confianza. Por tanto, se te abrirá un abanico inmenso de ideas que usar, ya sea en tus conversaciones o en interpretar las cosas que te sucedan. Con humor, todo se ve diferente.

Céntrate en lo que te hace reír a ti.

Existen tantos tipos de humor cómo personas hay en el mundo. No hay uno mejor que otro. Sí que es verdad que cada persona es afín a un tipo más que otro. Pero tu trabajo no es el de averiguar si tu humor es compatible con la persona que tienes enfrente. O con el grupo de gente que acabas de conocer. Ahí ya estarías traicionando la autenticidad. A tu propio estilo. Y eso haría que las acciones en bolsa de tu humor cayeran en picado. La naturalidad es algo clave. Necesaria para dejar huella. Analiza cual es tu estilo y explótalo al máximo.

La creatividad es el motor.

Algo esencial para que algo resulte gracioso es la espontaneidad. Lo natural, vamos. No hay mejor manera de romper esquemas. De sorprender con lo que nadie más ha reparado. Y para que esto suceda, no hay nada mejor que estar relajado. Esto suele darse en situaciones cotidianas. En esas en las que estamos solos. Seguro que más de una vez te has dicho a ti mismo: “vaya, con la que acabo de soltar y no hay nadie que la haya escuchado”. Llegar a ese estado de tranquilidad te sera más fácil cuando asumas el siguiente punto.

No siempre vas a ser divertido.

Ni estás en la obligación. Eso faltaba. Pero muchas veces te lo autoexiges. Caes en la trampa. Y la creatividad se queda en casita. Le has metido miedo y no se atreve a salir. Cada persona es más compatible con un tipo de humor que con otro. Y además, tú mismo tendrás días que estarás de todo menos brillante. Eso les pasa hasta a los más grandes. Asume que no siempre tienes que ser la risa personificada. Y cuando te descubras a ti mismo intentando ser gracioso, para. No es nada agradable ver a alguien intentando demostrar algo de manera forzada.

cerebro

 

Potenciadores de creatividad.

Una conversación convencional mola. Pero, ¿y si le metemos un poco más chispa? Eso ya es la ostia. Te divertirás tú, y la otra persona no se quedará indiferente. Cómo hemos dicho muchas veces aquí. Hay que dejar huella. Así que aquí van algunos tips para que tus conversaciones sean más ingeniosas y creativas.

Personifica: se trata de dar vida a seres inanimados. Pon tu mente a divagar mientras estás a punto de contarle cualquier cosa a tu interlocutor. Fuera preocupaciones por lo que pueda pensar. Y por supuesto, créetelo. Ejemplo: alguien te dice que su grifo de la ducha no va bien. Respuesta tuya: pues yo con el mio me llevo genial, si tiene algún problema siempre me lo cuenta.

Magnifica: cambia la proporción de las cosas. Modifica su tamaño. Ya se trate de hechos o de objetos. Eso dará rienda suelta a tu espontaneidad. Hará evidente que eres una persona creativa. Un ejemplo que he llevado yo mismo a la práctica: contar como algo extraordinario el ir a devolver un producto que había comprado. Esperan un final sorprendente. Pero adivina qué. No lo hay.

Sé surrealista: olvida las reglas de la física. A la lógica dile que se de un paseo. Esto va un paso por delante de lo que he comentado antes. Ya no es sólo personificar, es un nivel más. Quizás te la juegues un poco, si. Pero una vez más, el resultado te da igual. Haz comparaciones sin sentido, pregunta dudas que inciten a la locura o que la respuesta sea más que evidente. Te reto a que la próxima vez que pises una discoteca, le preguntes al camarero si tiene zumo de patata.

Inventa: añade palabras propias a tu vocabulario. Inventa expresiones, o incluso refranes. Y suéltalos. Sería muy injusto por tu parte no probar su efecto. A lo mejor, al principio creerán que no tienes demasiados estudios. Pero una vez más, eso te la resbala. Puede llegar el momento en que te “plagien”. Y mucho me temo que eso es de todo menos malo. Les has contagiado tu creatividad. Y algo mucho mejor; habrás creado un vínculo muy molón.

Falla: pero a lo grande, que no se diga. Esto es ideal para usar cuando no tienes ni idea de qué contestar. Y además, demostrarás que no te importa para nada quedar en evidencia. Sacarás a relucir tu humildad. Así que, cuando no tengas ni idea de lo que se te pregunta, falla. Que tu respuesta sea lo más ilógica posible. Una vez, unos amigos me pidieron que les contase algo sobre El Miguelete. Mi respuesta fue tan absurda cómo falsa, claro. Pero hubo risas, que es lo que cuenta.

Espero que seas un poco cómo Peter Parker. Que aunque el humor no sea un superpoder, lo uses con responsabilidad. Siempre desde el respeto y sin ofender a nada ni a nadie. Un placer verte por aquí de nuevo. ¡Nos leemos pronto!